Publicado en Psicología, salud

Cómo afrontar la muerte desde el punto de vista psicológico

     Como cada año por estas fechas el 1 de Noviembre vuelve a ser fiesta en España. Con motivo del Día de Todos los Santos, hoy hemos hablado en Aragón Radio (programa “Aquí la radio”) acerca de cómo afrontar la muerte desde el punto de vista psicológico (podéis escuchar mi intervención en el programa pinchando aquí – a partir del minuto 42). La tradición más destacada en esta fecha es visitar las tumbas de nuestros seres queridos para mostrar que todavía les recordamos. Normalmente este ritual está ligado a las generaciones más mayores para las que esta fiesta les es más cercana. En España aquellas personas que acuden a los cementerios suelen llevar flores a sus antepasados en forma de regalo.

Captura.JPG

En la vida hay muchas circunstancias difíciles de manejar, pero una de las más complicadas está relacionada con el tener que afrontar la muerte, a pesar de que ésta forme parte del ciclo de la vida. El motivo es que nos cuesta hacernos a la idea de lo que implica la muerte, ya sea de nosotros mismos o de una persona cercana. El perder o dejar personas, lugares, cosas, y/o etapas de nuestra vida, aunque sea por voluntad propia, puede generar miedo, nostalgia, tristeza o inseguridad. Muchos psicólogos llaman a este proceso de pérdida “duelo”.

La muerte desde el punto de vista cultural

En un sentido biológico, se puede decir que la muerte es la detención completa y definitiva de las funciones vitales. Pero en un sentido cultural se le ha dado muchos enfoques distintos. A lo largo de su historia, la humanidad ha manifestado una constante y universal preocupación con respecto a la muerte. Parece que el instinto de conservación desde la hace que un ser viviente trate con todas sus fuerzas de conservar su vida. Y allí, el temor puede funcionar como un mecanismo muy útil para la preservación de las especies, pues nos advierte de posibles peligros. Sin embargo, parece que en los estudios interculturales es posible encontrar diferencias cualitativas en las actitudes de los hombres en relación con la muerte, razón por la cual los ritos y costumbres en torno a la misma varían de unos países a otros o de unas culturas a otras. Estas diferencias en las actitudes pueden influir en la manera con la que las personas afrontan la muerte desde el punto de vista psicológico.

Entre los tibetanos, por ejemplo, sus actitudes hacia la muerte y la agonía están desprovistas del tabú general que encontramos en Occidente, de manera que se encuentra a la muerte con respeto y veneración. Y la existencia de la muerte llega a ser un estimulante para el desarrollo del hombre. Un principio del sistema budista (que impregna la vida de los tibetanos) es el carácter transitorio y el cambio constante del universo entero. Allí, la existencia de la muerte es utilizada como un elemento psicológico indispensable para la consciencia del carácter transitorio de la vida, del cambio de todas las cosas y del valor precioso de este momento mismo del aquí y el ahora. En este sentido, la muerte no es vista como un enemigo que se debe combatir y evitar a toda costa, sino como un aspecto indispensable de la vida. En otras culturas orientales la actitud hacia la muerte es también de respeto y aceptación. Asimismo, en ciertos países donde curiosamente la industrialización y la tecnología no han llegado a su máximo (como México, Venezuela o Brasil) el tabú de la muerte no es tan fuerte. En México, por ejemplo, hay un día especial de la muerte y toda la población toma parte en festividades muy interesantes, donde la muerte es reverenciada y se la representa en actos teatrales, pinturas, esculturas populares, y donde es celebrada con alegría en los cementerios. En México no se trata de un día triste, sino que allí la muerte es algo mucho más familiar, a la que se rinde culto. Como dijo Octavio Paz, el premio Nobel de Literatura mexicano: “Nuestro culto a la muerte es culto a la vida”. Allí se recuerda al fallecido, pero también lo que le gustaba comer, beber y la música que escuchaba. Por eso as familias acuden al cementerio con comida y bebida. Uno de los símbolos más reconocidos del país es una calavera. El artista mexicano José Guadalupe Posada (1852-1913), célebre por sus grabados, hizo de la muerte uno de sus temas recurrentes y la representó como un esqueleto vestido de manera elegante. Así nació La Catrina, una figura emblemática del Día de Muertos mexicano. Incluso hay dulces con motivos fúnebres, muchos términos para referirse a la muerte, se escriben versos sobre el inevitable encuentro con la muerte, tienen muchos rituales para recordar a los difuntos, etc.

2.JPG

Todo ello, sin duda, influye a la hora de adoptar una actitud frente a la muerte. Normalizarla o rendirle culto ayuda a eliminar temores y angustias en relación a la muerte, lo que puede permitir una existencia más satisfactoria. De ahí que muchos consideren esta preparación para la muerte, una preparación para la vida. Sin embargo, en países donde parece haber una sociedad más materialista o más acomodada en el bienestar (EEUU, Canadá Europa), se pone mayor énfasis sobre el tabú de la muerte, con sus consecuencias negativas.

Manifestaciones o síntomas más frecuentes del duelo

No todos los que tienen una experiencia más o menos cercana a la muerte tienen las mismas necesidades psicológicas ni tienen los mismos recursos personales y sociales disponibles. La muerte puede ser un factor muy estresante y las reacciones que cada uno experimenta son totalmente variables y dependen de muchos factores como la edad, la relación con el fallecido, las circunstancias en las que se ha producido la muerte (si ha sido reciente o inesperada), el apoyo de familiares y amigos, el paso del tiempo, la educación o influencia cultural recibida, la capacidad para reanudar la vida cotidiana, etc.

Afrontar el duelo es un proceso psicológico, no psicopatológico, porque aparte de que la muerte forma parte de la vida, hay quienes la afrontan o gestionan de forma adecuada. La muerte es una parte inevitable del proceso vital, tan natural como nacer o crecer, aunque resulta mucho más difícil de afrontar. Por eso cada persona puede adoptar actitudes diferentes ante ella. La actitud individual de la persona (y de su entorno cercano) ante la idea de la muerte, fruto de sus experiencias y aprendizajes previos, de la sociedad o cultura en la que se haya desarrollado o se desenvuelva, sus creencias y situación concreta, influirá decisivamente en la forma de afrontar este proceso. Pero estar transitoriamente triste (una situación emocional normal) no significa tener un problema psicopatológico. En la mayor parte de los casos, la superación del duelo no requiere un tratamiento psicológico.

Fases del Duelo

A raíz del libro “On death and dying” de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross (1969), muchos autores e investigadores sobre el tema han propuesto una serie de fases que constan el proceso de duelo. Recordemos que éste puede referirse tanto a la muerte de un ser querido como a la pérdida de una relación, trabajo, salud, amistad, etc. Asimismo, conviene tener en cuenta que estas etapas no necesariamente suceden en el orden descrito, ni todas son experimentadas por todas las personas. Incluso podríamos decir que hay quienes pasan por varias etapas en un efecto «montaña rusa», volviendo a hacerlo una o varias veces. Las fases descritas suelen ser 5:

1) Fase de Negación: Porque la primera reacción de una persona que sufre una pérdida muchas veces va encaminada a escapar o evitar el malestar asociado a la misma, aunque sea negando el hecho, creyendo que ha sido un error, que no ha podido ocurrir. Esto alivia ese malestar y da cierto tiempo para amortiguar el impacto. Otros simplemente pasan por una fase de incredulidad en la que se sienten bloqueados y no son capaces de aceptar la pérdida. Habitualmente esta primera fase no dura más de unas horas o días. Es común encontrar allegados que muestran una absoluta entereza y falta de afección durante el entierro o el velatorio, ya que se encuentran en este primer momento.

2) Fase de Enfado, Indiferencia o Ira: Cuando la persona se va exponiendo a la realidad, se rebela contra ella haciéndose otro tipo de preguntas y sintiéndose enojada, con rabia, odio y rencor, una manera de descargar esa tensión y malestar.

3) Fase de Negociación: Esta fase respondería a una especie de “pensamiento mágico” muy primitivo, como si fuésemos capaces de hacer un trato con la vida, con el médico, con la salud… Se trata también de intentar evitar lo inaceptable. Un canje que pretende restaurar la normalidad a cambio de una buena conducta. Esto generalmente no lo suele compartir la gente, sino que lo hacen en privado.

4) Fase de Depresión o Dolor Emocional: Cuando todos los intentos anteriores se agotan aparecen finalmente los sentimientos de angustia, ideas negativas… sumados al cansancio fruto del esfuerzo y lucha anteriores. En esta fase se “atascan” muchas personas. Llegados a este punto es frecuente sentir tristeza, apatía, culpa. De igual forma, podemos experimentar problemas gastrointestinales, alteración del apetito, disminución del deseo sexual, problemas para dormir…

5) Fase de Aceptación: Pasado un tiempo, y si la persona ha dispuesto del apoyo, recursos y estrategias de afrontamiento adecuadas, la persona es capaz de aceptar la realidad tal y como es. Una vez que reconocemos y aceptamos lo que esta pérdida ha supuesto para nosotros, y entendemos que esa persona no va a volver, podemos empezar a sentirnos mejor y recobrar aspectos de nuestra vida que habíamos dejado de lado. Así, volvemos a prestar atención a nuestro alrededor (amigos, aficiones, trabajo, etc.), sin que la pérdida interfiera en nuestro estado de ánimo.

Este “duelo” suele durar entre 3-6 meses, aunque cada caso es único. Cada ser humano reacciona de manera diferente ante una pérdida, sin que exista una pauta inamovible de cómo una persona tiene que manifestar y afrontar su dolor. Es más, aparte de las diferencias entre personas, hay variaciones en una misma persona en las distintas pérdidas experimentadas. Al ser cada persona fallecida única e irrepetible, así como las relaciones interpersonales que se establecen con ellas o las circunstancias en las que se da ese fallecimiento, la persona nunca experimentará de la misma forma la muerte de dos allegados. Por lo tanto, cada proceso de duelo será, en cierto modo, siempre diferente.

Duelo patológico

Hay una serie de síntomas o patrones de conducta que aparecen con gran frecuencia cuando sufrimos el proceso de duelo, completamente normales durante algún tiempo y que suelen ir remitiendo conforme pasa el tiempo. Pero desde el punto de vista psicológico, consideramos problemático o “duelo patológico” cuando las consecuencias emocionales y no emocionales de la pérdida son muy intensas y duraderas, así como cuando interfieren negativamente en la vida cotidiana de la persona (por ejemplo, el cansancio puede impedir que cuidemos correctamente de nuestros hijos, el insomnio puede dificultar la concentración en el trabajo, la tristeza puede interferir en nuestras relaciones sociales, etc.). Concretamente, entre el 10 y el 20% de las personas afectadas por una pérdida pueden necesitar ayuda profesional.

5.JPG

En este sentido, es frecuente encontrar cierto descuido personal (la persona no está motivada para cuidar su aseo personal, por arreglar su casa, habitación u oficina, por hacer actividades gratificantes o productivas, por cuidar su salud física o psicológica, por cumplir con sus compromisos laborales o académicos, etc), aislamiento, inseguridad, búsqueda ansiosa de alternativas (muchas veces irracionales), pesadillas, descontrol del sueño y del apetito, etc. Con respecto a los sentimientos y emociones que habitualmente tienen lugar, encontramos sentimientos de culpa (cómo hubiese sido de diferente la situación si hubiésemos hecho algo distinto), de reproche, la infravaloración de uno mismo o de los demás, etc. También es frecuente encontrar en estas circunstancias cierta predisposición a muchas conductas adictivas (al alcohol y otras drogas, al juego, a las compras, al sexo, a la comida, etc.). El motivo es que muchas personas encuentran en el consumo de estas sustancias o en otro tipo de conductas una vía de escape del estado de malestar en el que se encuentran. Hay quienes incluso optan por seguir imaginándose o recordando momentos vividos con esa persona o haciendo como si siguiese con nosotros en nuestro día a día. Estas personas se “estancan” en los recuerdos relacionados con el fallecido y se plantean frecuentemente preguntas sin respuesta. Esto también favorece y se ve favorecido por el hecho de soñar con esas personas. Sin embargo, y si bien a corto plazo estas conductas pueden permitir experimentar cierto alivio (la persona escapa de o evita la angustia que le produce pensar o experimentar que esa persona ya no está con ella), a medio o largo plazo supone un choque muy brusco con la realidad y en algunos casos dificulta que esa persona acepte esa situación o circunstancia, pase página y siga su vida. En otros casos se habla de estrés postraumático para hacer alusión a la experiencia traumática (víctimas de un accidente, un atentado, una agresión, un robo…) que vive alguien en primera persona y que le lleva a recordarla con frecuencia e intensidad.

¿Qué hacemos con los niños?

Asimismo, quienes tienen niños a su alrededor tienden a querer protegerles evitando decirles la verdad (ya sea no diciéndoles nada o inventándose algo para explicar la ausencia de esa persona). Es cierto que los niños, sobre todo cuando son muy pequeños (antes de los 3 años), les cuesta entender ciertas ideas o conceptos (como la de no-retorno), máxime si todavía no han desarrollado muy bien el lenguaje (antes de los 2-3 años). Por eso hay que ayudarles en este sentido y en esto la educación y la actitud de su entorno cercano, pero también de la sociedad y de la cultura, ejercen un papel importante. Como comentábamos antes, en otros países donde se normaliza más el tema de la muerte, los niños están más expuestos a este tema desde pequeños.

Si bien depende de la edad del niño y de cada caso en concreto, en general el que se ayude a los niños a afrontar este hecho puede contribuir a su desarrollo emocional. Muchas veces, el ocultarlo o “disfrazarlo” tiene que ver más con las angustias de los adultos en relación a la muerte que la capacidad de los niños de hacer frente a esta realidad. Si se ha producido algo así, no conviene esperar mucho tiempo para comunicar al niño la muerte de una persona, ya que la espera, la incertidumbre, las mentiras… pueden ser peor a la larga. Los niños necesitan saber lo que pasa, pues también se van dando cuenta de que algo ha cambiado, de que algo está sucediendo, de que la familia no está bien, de que sus padres están teniendo reacciones diferentes, de que falta alguien… Por eso conviene decir la verdad de la forma más suave posible y adaptando la información a su edad. Tampoco conviene, sin embargo, dar más información de la necesaria. Es decir, hay que decirles que la persona en cuestión ha muerto, pero no necesitan más explicaciones sobre las causas ni detalles sobre el fallecimiento. Por muy duro que nos parezca, los niños tienen que ir aprendiendo que la vida termina. Para ello, pueden servirnos experiencias anteriores menos traumáticas (la pérdida de algo que querían mucho, como una mascota). Independientemente de nuestras creencias e ideologías hay que ser claros con el mensaje, sin utilizar expresiones como “se ha ido”. Esto puede crear falsas expectativas sobre la vuelta del ser querido.

3.JPG

Las primeras reacciones de los niños pueden ser tremendamente dispares, dependiendo de la edad y de las variables personales de cada niño. Puede haber niños que al principio no se den cuenta de lo que realmente está pasando o de lo que implica, no lo asuman y necesiten tiempo para asimilarlo, pero puede haber niños que de entrada sí se queden tremendamente afectados. Ahí, como con los adultos, es importante respetar los tiempos propios de cada niño. Una respuesta muy habitual en estos casos es que los niños se sientan inseguros ante la nueva situación, no solo por la tristeza del momento, sino porque se plantean que a sus otros familiares también les puede pasar algo, que la gente se puede morir y desaparecer de un día para otro y que en un momento dado se puede quedar solo. Por eso será fundamental transmitir al niño mucha seguridad, haciéndole ver que al resto de personas de su entorno cercano no tiene por qué pasarles nada. El niño estará triste y hay que hacerle ver que es normal que se sienta así. No pasa nada si ve que los adultos también lloran, porque es normal llorar la muerte de un familiar cercano en un primer momento. Es muy importante también evitar importantes o numerosos cambios en la rutina o en el entorno del niño (como cambios de colegio, de amigos, etc.), ya que estas cosas le dan estabilidad y seguridad.

¿Cuándo acudir al psicólogo? ¿En qué nos puede ayudar?

Sin embargo, si observamos ciertas respuestas patológicas en nuestros familiares o en nosotros mismos, es conveniente solicitar la opinión de un profesional. Existen algunas señales que pueden ayudarnos a distinguir cuando es necesaria una intervención psicológica:

  • Si la persona continúa incrédulo negando la muerte durante meses y comportándose como si no hubiera ocurrido.
  • Si la persona estaba realmente unida al fallecido y aun así no presenta ningún síntoma, evitando hablar del tema y mostrándose impasible o retraído.
  • Si, por el contrario, la persona se muestra triste, irascible, depresivo… durante un año o más. Estas personas suelen aludir constantemente al fallecido, acudir con mucha frecuencia al cementerio a visitarle, observar su foto durante horas, mantener la casa y su estilo de vida como si aún estuviera vivo, etc.

Nuestro trabajo en estos casos consiste muchas veces en ayudar a esa persona a aceptar no sólo la nueva situación, sino también los cambios que implican (en todos los sentidos, incluso los emocionales, pues muchas veces las personas se sienten mal por sentirse mal). Lo siguiente a trabajar persigue el objetivo de conseguir normalizar la vida de nuevo, ayudar a estas personas a que vuelvan a ganar en calidad de vida y bienestar, que consigan seguir hacia adelante sintiéndose lo mejor posible sin olvidar a esa persona, pero sin limitarse por su ausencia. Es decir, es ilógico pretender olvidar a esa persona, pues además de que no tiene sentido en tanto que ha formado parte de nuestra vida, no podemos alterar nuestra memoria a nuestro antojo, provocándonos “olvidos selectivos”. De lo que se trata, más bien, es de gestionar ese recuerdo y conseguir que no me siga condicionando o limitando negativamente. Como se suele decir, pasado no superado no es pasado, sino presente.

4

Lo cierto es que nuestro sentido de valor propio no debe estar basado en la existencia de otras personas. Valemos por nosotros mismos y el hecho de que una persona valiese en gran medida para nosotros, no significa que nosotros carezcamos de valor sin esa persona. Nuestras vidas siguen teniendo el sentido que les queramos dar. Por eso es importante quedarnos con lo bueno que nos ha aportado o que hemos compartido o vivido con esa persona. La mayoría de la gente reconoce que le gustaría ser recordada en un futuro por lo bueno y esto es algo mucho más funcional y adaptativo. Estar recordando lo malo, lo que no hice o pude haber hecho, los problemas que tuvimos o tuvo esa persona… sin poder volver atrás para cambiar o solucionar aquello, no sólo no tiene sentido, sino que nos hace daño y nos limita para seguir avanzando.

El enfoque de la muerte también puede relacionarse con la cantidad de significado y propósito que una persona haya encontrado en su vida. Hay quienes refieren que al haber encontrado un sentido a su vida experimentan menos tristeza y desesperación ante la muerte. Por otro lado, como se ha mencionado ya, una concepción de la muerte como un proceso universal y propio de la naturaleza puede disminuir ciertamente el miedo y todas las emociones negativas que la idea de la muerte despierta.

Otras intervenciones terapéuticas van encaminadas a aliviar los síntomas depresivos y a reconstruir la autoestima, las creencias y las habilidades personales, reorganizar el sistema familiar y la vida cotidiana, reinterpretar positivamente el suceso (hasta donde sea posible), establecer nuevas metas y relaciones, buscar apoyo social (incluso grupos de autoayuda como forma de compartir ese dolor o esa pena), entre otras.

MÁS INFORMACIÓN

  • Barreto, M.P. y Soler, M.C. (2004). Apoyo psicológico en el sufrimiento causado por las pérdidas: el duelo. En R. Bayés (Ed.). Monografías Humanitas 2: Dolor y Sufrimiento en la Práctica Clínica. Barcelona. Fundación Medicina y Humanidades Médicas.
  • Dollenz, E. (2003). Duelo normal y patológico. Consideraciones para el trabajo en atención primaria de salud. Cuadernos de Psiquiatría Comunitaria y Salud Mental para la Atención Primaria de Salud, 1, 1 -16.
  • Echeburúa, E. (2004). Superar un trauma: el tratamiento de las vfctimas de sucesos violentos. Madrid. Pirámide
  • Echeburúa, E. y Corral, P. (2001). El duelo normal y patológico. En W. Astudillo, E. Clavé y E. Urdaneta (Eds.). Necesidades psicosociales en la terminalidad. San Sebastián. Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos.
  • Echeburúa, E., Corral, P. y Amor, P.J. (2001). Estrategias de afrontamiento ante los sentimientos de culpa. Análisis y Modificación de Conducta, 27, 905-929.
  • Echeburua, E., Corral, P. y Amor, P.J. (2005). La resistencia humana ante los traumas y el duelo. En W. Astudillo, A. Casado y C. Mendinueta (Eds.). Alivio de las situaciones difíciles y del sufrimiento en la terminalidad. San Sebastián. Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos.
  • Fernández-Montalvo, J. y Echeburúa, E. (1997). Tratamiento cognitivoconductual de la pena mórbida en un caso de ruptura de pareja. Análisis y Modificación de Conducta, 23, 61-83.
  • Flórez, S.D. (2002). Duelo. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 25 (3), 77-86.
  • Worden, J. W. (2010). El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. (2ªedición). Barcelona: Paidós. (Trabajo original publicado en 1984).
Anuncios

Autor:

Psicóloga - Máster en Terapia de Conducta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s